El líder sabe que la empresa es, ante todo, una conjunción de varias personas: los accionistas, los ejecutivos, los proveedores, los clientes, los empleados y todos se acoplan a la dirección que él, como dirigente, realiza por él mismo, o a través de sus funcionarios o ejecutivos. Y todos deben de trabajar en unión para alcanzar el objetivo final de la empresa, que por un lado es crear o adicionar riqueza (valor económico) y por otro prestar un verdadero servicio a la sociedad en la cual se ubica la organización. Es decir, que la creación de riqueza se debe complementar con la búsqueda del bien común, con el que se realizan las aspiraciones de todas las personas que intervienen en la actividad económica.
Pero la consecución del valor económico es uno de los tres valores que realizan las empresas, los otros se denominan: el valor psicológico y el valor ético. Con el valor económico, todos los que hicieron aportes a la actividad productiva reciben su compensación que les permitirá satisfacer sus necesidades. Con el valor psicológico, los que participan del proceso productivo logran asimilar el aprendizaje para la toma adecuada de decisiones que afectan a otros o a ellos mismos de forma directa o indirecta. Y con el valor ético, se aduce al cambio que se produce en el interior de las personas.
Estos dos últimos valores son subjetivos pero su influencia es decisiva para la generación de valor económico. Supone un costo de oportunidad porque probablemente se renuncia a ciertos beneficios en el corto plazo, pero se ha demostrado que las mejores alternativas se concretan en el largo plazo, porque permiten el desarrollo integral de las personas.
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