Testear la aceptación del producto: Las investigaciones de mercado (formales e informales) ayudan a evaluar si formalmente el producto o servicio se podrá vender en ese local. Solo armar el negocio una vez que se intuye que éste puede atraer clientes.
Tener un interés real en la actividad: La puesta en marcha de un local exige mucho más tiempo y dedicación que un trabajo para terceros. Por eso el entusiasmo o motivación por la actividad alivian en gran medida la tarea. El emprendedor debe estar motivado en lo que hace, que no puede ser solo un vehículo para juntar dinero.
No forzar los tiempos: Apresurar el lanzamiento es contraproducente, puede acarrear perjuicios económicos y verse afectada la imagen del producto. Conviene demorar un poco más pero tener todo a punto para la salida.
Siempre hay riesgos: En cualquier negocio es imposible conocer si realmente será rentable o no. El riesgo constituye un factor permanente. Sin embargo, un buen análisis de la demanda del producto y cuánta gente circula por esa calle. También tener en cuenta si hay o no competencia.
Un espacio atractivo: Existen locales que están hace años en una zona y mucha gente no los conoce. La puesta en escena del local es muy importante: vidrieras atractivas, buena iluminación y un espacio cálido hacen que la gente que pasa desee entrar. O si no lo hace, al menos lo recordará para el momento en que necesite el producto.
Mirar la competencia: En algunos casos, es un perjuicio estar cerca del competidor. En otros, de consumo masivo, es útil estar en una zona que concentre locales de ese rubro.
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